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Un ensayo tiende puentes entre evolución y trascendencia

Las tradiciones religiosas han de buscar respuesta a las grandes preguntas planteadas en la Era de la Ciencia
La cultura del siglo XXI ha incorporado la dimensión evolutiva a todas las interpretaciones de las tendencias sociales. Sin embargo, las tradiciones religiosas han sido remisas para integrar la dimensión evolutiva en sus planteamientos sobre la trascendencia. Las tradiciones monoteístas han transmitido una imagen demasiado rígida de Dios que ha dificultado el diálogo y el encuentro en la Era de la Ciencia. El reciente ensayo “Trinidad, universo, persona. Teología en cosmovisión evolutiva” (Verbo Divino, 2014) intenta tender puentes con el paradigma abierto del mundo. Por Leandro Sequeiros.

Las propuestas de las comunidades científicas internacionales sobre laevolución cósmica, la evolución biológica y la evolución humana están construyendo un nuevo paradigma interpretativo de la realidad natural. Y este nuevo paradigma emergente – significa un reto para las tradiciones religiosas. En particular, la teología cristiana de la creación se siente impactada en muchas de sus formulaciones tradicionales.

Y, de modo más general, todas las tradiciones religiosas, en lo que tienen de intento de comprensión del ser humano en un universo enigmático, sienten conmovidos muchos de sus pilares básicos. No intentar encontrar una respuesta, tiene el peligro de caer en un fundamentalismo estéril que rompa los posiblespuentes de diálogo entre ciencia y religión.

La teología de matriz cristiana, tanto católica como protestante, busca desde el siglo XX cauces de encuentro con la cultura científica moderna para dar respuesta a interrogantes del ser humano. Estas respuestas van más allá de un mero ejercicio retórico intelectual, pues está en juego el sentido del ser humano en este mundo : ¿qué hacemos aquí? ¿Qué sentido tiene este universo? ¿Qué tarea es la que nos ha tocado llevar a cabo en este mundo como especie inteligente y creadora?

Estas preguntas se intentan responder en el reciente ensayo Trinidad, universo, persona. Teología en cosmovisión evolutiva (Editorial Verbo Divino, 2014). Este volumen forma parte de la colección “Teología y ciencias”, que se publica en colaboración con el Seminario Teología y Ciencias (Seminari Teologia i Ciències) de Barcelona (www.sticb.org). Para situar en su contexto el contenido y alcances de este ensayo, será conveniente informar sobre este activo Seminario.

El Seminario de Teología y Ciencias (STIC) de Barcelona

El Seminario de Teología y Ciencias (STIC) de Barcelona fue fundado en 1998 con la intención de introducir el moderno diálogo entre teología y ciencias en España y, particularmente, en Cataluña. Sus objetivos se definen así: Seminario permanente para la búsqueda y siembra de ideas, sobre teología cristiana, abierta a otras tradiciones religiosas, y mediante un diálogo enriquecedor, en interrelación con las ciencias actuales del cosmos, de la vida y del ser humano.
Su sede está situada en las dependencias del Centro Borja, en la localidad de Sant Cugat del Valles, cerca de Barcelona, y forma parte del Instituto de Teología Fundamental (ITF).

Actualmente, el grupo lo integran una veintena de profesores universitarios, postgraduados, sacerdotes y estudiantes, interesados en este dialogo desde diversas perspectivas disciplinares de tipo humanístico y científico. STICB es una institución cristiana formada por miembros mayoritariamente católicos, si bien el grupo está abierto a otras confesiones y líneas de pensamientos divergentes, siempre que sean respetuosas con la fe cristiana. STICB inició su actividad ofreciendo cursos universitarios sobre “Teología y ciencias hoy”, los cuales habían estado galardonados el año 1998 por “Science & Religion Course Program” de la John Templeton Foundation.

El año 2002 se consolidó cuando se encargó de la organización local del 10 Congreso de ESSSAT (European Society for the Study of Science and Theology), celebrado en Barcelona a primeros de abril del año 2004. En julio del 2004, el STICB recibió un nuevo impulso y una nueva personalidad en adherirse al Metanexus Institut de Filadelfia en calidad de Grupo Local asociado, dentro de su programa “Local Society Iniciative” (LSI).

Un diálogo respetuoso entre teología y culturas

El interés principal de STICB se centra fundamentalmente en el diálogo entre la teología y las ciencias desde la perspectiva cristiana y nuestra concepción cultural. Este diálogo ha de ser respetuoso con la autonomía de una y otra parte, y suficientemente abierto para superar todo fundamentalismo y cientificismo. Su fruto ha de ser mutuo enriquecimiento: el teólogo, lejos de toda apologética precipitada, ha de reformular su tradición teológica en el contexto actual, y el científico, sin absolutizar su ciencia, ha de captar el sentido que ella tiene en un contexto humano y espiritual.

Entre las temáticas preferentes de estudio destacamos la de explicar la acción proveniente de Dios sobre el universo de acuerdo con las concepciones que han estado impuestas por las diversas ciencias. En concreto nos hemos propuesto estudiar la actual concepción “cosmo-bio-evolutiva” del universo –desde el Big Bang hasta el ser humano- que en la segunda mitad del siglo XX nos han impuesto el descubrimiento de la radiación de fondo cósmica y el código genético del ADN.

Guiados por los especialistas del grupo, querremos seguir este itinerario temático interdisciplinario. Podremos hacer reflexiones filosóficas alrededor de nuestra propia “mega-historia” (no de millones, sino de miles de millones de años), y aunque reflexiones teológicas sobre como coordinar con ella  nuestra historia de salvación (desde la Creación hasta la Nueva Creación).

Una de las máximas aspiraciones de STICB es la de promover el conocimiento de esta interrelación teología-ciencia a nivel académico y a nivel divulgador para el público en general. En otros países europeos y, especialmente, en los Estados Unidos de América del Norte, esta divulgación es un hecho habitual –desde hace treinta o cuarenta años- realizado por instituciones como la citada ESSSAT, y el Center for Theology and the Natural Sciences (CTNS) de Berkeley o el Zygon Center for Religion and Science de Chicago, a través de sus conferencias, congresos y revistas (ver Vínculos).

Las nuevas cosmologías retan a las teologías

Como apuntan los profesores Manuel García Doncel y Ricard Casadesús en la presentación de este ensayo Trinidad, universo, persona. Teología en cosmovisión evolutiva que aquí comentamos, “en nuestro “Seminari de Teologia i Ciéncies(STIC) comenzamos hace casi diez años (hacia 2004, al adherirse a Metanexus) un proyecto de investigación sobre el impacto que producen en nuestra teología de la “creación” las ideas científicas de la evolución cósmica, biológica y antropológica” – estas últimas desde la publicación en esta colección de “Teología y Ciencias” de los volúmenesNeurociencia, psicología y religión. Ilusiones, espejismos y realidades acerca de la naturaleza humana (edición de Malcom Jeeves y Warren S. Brown), y En busca de la libertad. La emergencia del espíritu en el mundo natural (Philip Clayton).

Esto dio como fruto lo que en el STIC denominan “Creación evolutiva ”, de la que tenían dos líneas de investigación, elaboradas por Karl Schmitz-Moormann sobre las ideas de Pierre Teilhard de Chardin; y por Denis Edwards, sobre las ideas de Karl Rahner. Fruto de estas tareas son los volúmenes Teología de la creación en un mundo en evolución, de Karl Schmitz-Moormann ; y Aliento de vida. Una teología del Espíritu creador, de Denis Edwards.

Unas preguntas de Juan Pablo II estimulan la creatividad del STIC

Pero el intento de respuesta a una pregunta de Juan Pablo II hará avanzar la investigación emprendida. En 1988, el papa Juan Pablo II remitió una carta al entonces director del Observatorio Astronómico Vaticano, el jesuitaGeorge V. Coyne. Esta carta es muy importante para nosotros. La carta de Juan Pablo II a George V. Coyne es un documento para el diálogo ciencia-religión visto desde la iglesia católica. Un diálogo que será beneficioso para ambos saberes, el de la teología y el de las ciencias, ya que conllevará un enriquecimiento mutuo. Este diálogo debe hacerse de manera que cada disciplina conserve su propia autonomía y método, pero dejándose interpelar por la otra. En algunos puntos, el planteamiento de Juan Pablo II es muy rotundo:

“Si las cosmologías del antiguo mundo del Cercano Oriente pudieron ser purificadas e incorporadas a los primeros capítulos del Génesis, ¿no podría la cosmología contemporánea tener algo que ofrecer a nuestras reflexiones sobre la creación? Una perspectiva evolutiva ¿arroja alguna luz aplicable a la antropología teológica, al significado de la persona humana como Imago Dei, al problema de la cristología, e incluso sobre el desarrollo de la doctrina misma? ¿Cuáles son, caso de haber alguna, las implicaciones escatológicas de la cosmología contemporánea si atendemos en especial al inmenso futuro de nuestro universo? ¿Puede el método teológico aplicar con fruto intuiciones de la metodología científica y de la filosofía de la ciencia?” [Juan Pablo II, 1988, Acta Apostolicae Sedis, v. 81 (1989), p. 281].

Esta carta del papa supuso un fuerte impacto a la creatividad del Seminario Teología y Ciencias de Barcelona. Estas palabras y estas preguntas suponían un estímulo para la continuación natural de la segunda línea de investigación ya citada sobre la creación evolutiva. Pues Karl Rahner, desde su perspectiva evolutiva, y luego Denis Edwards habían desarrollado toda una Historia del Espíritu, que abarcaba la gracia, la cristología y la Iglesia.

El proyecto Theosciences

Juan Pablo II, en su carta, anima a promover en la Iglesia lo que él llama “ministros puente”; es decir, personas que estén familiarizadas con estos dos campos del saber, la teología y las ciencias, de manera que sean capaces de mantener este diálogo sin caer en falsos concordismos. Según reconoce los autores del libro que comentamos, al grupo de Seminario Teología y Ciencia le resultó evidente que este proyecto que respondía a las preguntas del papa les sobrepasaba. Exigía un potencial teológico superior al del grupo STIC.

La Facultad de Teología de Cataluña quiso adentrarse de una manera seria, creativa y profunda en este diálogo a tras bandas: ciencia, filosofía y teología. En el año 2008 se inició un seminario interno de profesores para estudiar y promover la relación entre ciencia y fe. Y es justamente en ese momento cuando en la Facultad de Teología de Cataluña (FTC) se creó un grupo de teología y ciencias que se denominó Theosciences .

En este grupo de Theosciences se integraron tres miembros del STIC, entre ellos, Manuel García Doncel. Y todo el grupo del Seminario Teología y Ciencias fue invitado a participar activamente –tal como sucedió – en la organización y desarrollo del simposio.

Un primer fruto del grupo Theosciences fue la organización de un simposio de teología y ciencia que se celebró en la Facultad de Teología de Cataluña en enero de 2009 con el tema “Teología de la creación desde los puntos de vista evolutivo y ecuménico”. En este simposio se contó con la presencia de primeras figuras de este diálogo ciencia y teología, como John Polkinghorne, Jürgen Moltmann, William E. Carroll y otros.

Las Actas del simposio organizado por Theosciences fueron publicadas por la Editrice Vaticana. Bajo el títuloGod and World , [Tomasz Trafny, Armand Puig i Tarrech (Eds.), God and World. Theology of Creation from Scientific and Ecumenical Standpoints, Libreria Editrice Vaticana, Città del Vaticano 2011] este volumen forma parte de la colección de libros del proyecto STOQ [Science, Theology and the Ontological Quest], que patrocina el Pontificio Consejo de la Cultura, que engloba las universidades romanas que más se han interesado por el diálogo entre teología y ciencias desde una perspectiva ecuménica.

El grupo Theosciences se ha ido reuniendo cada seis semanas desde entonces. El principal tema de investigación ha sido responder a la pregunta de cómo se puede profundizar en el concepto de “creación”, de manera que exprese mejor la rica relación que Dios tiene con el mundo que Él ha creado.

Esta concepción más profunda del misterio de la creación debe realizarse desde una perspectiva profundamente trinitaria y en diálogo con la ciencia. Los miembros del grupo son conscientes de que los planteamientos deben ser ecuménicos, inclusivos de las sensibilidades cristianas. Tal vez más adelante se deba plantear la extensión de estas reflexiones a otras tradiciones religiosas que tengan interés por una reflexión racional de sus convicciones creyentes. No se descarta la posibilidad de incluir en la tarea investigadora a los teólogos del pluralismo religioso, tal como hemos apuntado en otros artículos de Tendencias21 de las Religiones.

Una aproximación teológica

Desde el punto de vista teológico, el grupo Theosciences interpreta la naturaleza como el gran Liber naturae, es decir, la naturaleza se interpreta como un libro creado por Dios y en el que Él mismo se manifiesta. Aunque esta teología natural se apoya en la obra del erudito catalán del siglo XV Raimundo de Sabunde, y existen otras lecturas filosóficas y teológicas de la realidad natural, el papa Benedicto XVI apoya esta postura.

En la Verbun Domini (2010), en el número 7, subraya la dimensión autorreveladora de Dios en la creación, “si bien es cierto que en el centro de la revelación divina está el evento de Cristo, hay que reconocer también que la misma creación, el Liber naturae, forma parte esencialmente de esta sinfonía a varias voces en que se expresa el único Logos”.

El editor de este volumen, Emili Marlés Romeu, escribe en el prólogo que si la creación es Liber naturae, entonces la teología necesita de las ciencias de la naturaleza, “ya que estas enseñan la caligrafía con que está escrito este libro. Sin la cosmología, por ejemplo, la teología nunca habría sabido que Dios ha querido crear nuestro mundo a través de un proceso evolutivo, y esto [….] ha planteado nuevas preguntas teológicas”.

 

La Trinidad (El Greco). Fuente: Wikipedia.

La Trinidad (El Greco). Fuente: Wikipedia.

Ciencia y teología en diálogo

Tras el simposio de 2008 y la elaboración de las Actas, surgió enTheosciences la idea de escribir un libro en colaboración. Fue este el momento apropiado para presentar el proyecto de investigación “Ensayo de teología evolutiva”, extendida a los tres estadios de una antropología teológica. Esta propuesta fue aceptada con entusiasmo por el grupo.

Tal como estaba diseñado, el proyecto de investigación fue tomando cuerpo. Debería tener un capítulo introductorio considerado como marco teológico fundamental. Sus contenidos deberían ajustarse a esta propuesta teológica: “La Trinidad y su amoroso designio creador”. Con él se dejaba claro que el futuro libro, aun con los capítulos científicos, no pretendía hacer apologética, sino teología cristiana desde esa cosmovisión hoy vigente.

La primera parte del proyecto de investigación se centraba en el epígrafe “La creación evolutiva”. Para ella ya se aportaban muchos materiales elaborados por el Seminario Teología y Ciencias (STIC). En síntesis: más allá de aparente conflicto entre el concepto tradicional de creación y la visión científica de la evolución cósmica, biológica y antropológica, se presentaba una tercera vía. El nuevo concepto de creación evolutiva se ofrecía como una alternativa entre el creacionismo fundamentalista y el evolucionismo que muchas veces se presentaba como ateo.

Pero el intento no quedaba solo en concordismo. Se trataba de ir más allá, a otros estadios de la historia salvífica del cosmos, que son los que dan sentido a esa creación evolutiva, y son también influidos por la cosmovisión evolutiva. Desde este punto de vista, las aportaciones de Karl Rahner, Teilhard de Chardin, Schmitz-Moormann y Denis Edwards eran muy importantes para construir una síntesis teológica nueva.

La humanación salvadora de Dios y la nueva creación

La segunda parte del proyecto de investigación –que debería cristalizar en el futuro libro- se titulaba “La humanación salvadora de Dios”. Se eligió intencionadamente la palabra “humanación”, reconocida en el Diccionario de la Real Academia con dos acepciones de “humanarse”: “hacerse humano, familiar y afable”, y “hacerse hombre el Logos”.

Desde esta perspectiva, -según García Doncel – había que tratar en el futuro libro tres temas teológicos clásicos relativos a toda la historia de la humanidad en este mundo: el primero de ellos es la explicación de una historia salvífica, que extiende a toda ella la posibilidad de vida sobrenatural de la gracia y ¡la realidad del pecado original! Que la evolución sitúa hace unos doscientos mil años.

El segundo tema teológico que habría que tratar es el de la encarnación, entendida como “entrega divina y respuesta humana definitivas” y centro de la perspectiva evolutiva. Y el tercero de los temas teológicos a revisar es el de la redención por la cruz, y también como revelación del Dios kenótico en relación  con el problema del mal evolutivo.

La tercera parte del proyecto de investigación se debería centrar en “La nueva creación”. En ella, a partir de la resurrección de Cristo y de la realidad del Cristo místico, y a pesar de las predicciones pesimistas de la cosmología sobre el fin de la vida y del universo, se presenta la posibilidad de una vida eterna gloriosa. En ella, evidentemente, ya no regirán nuestras leyes científicas de la naturaleza, sino unas nuevas leyes correspondientes al panenteísmo escatológico, y la relación interpersonal con el Dios trinitario.

Este esquema de trabajo de investigación, que se diseñó en el otoño de 2009, fue asumido por Theosciences. El profesor Emili Marlés asumió la función de coordinar el trabajo de todo el grupo. Los diez primeros capítulos fueron redactándose con más o menos autonomía, y posteriormente se fueron discutiendo en las reuniones.

Los trabajos fueron presentados por sus autores y discutidos en diez sesiones del Seminario Ciencia y Teología(STIC) (entre junio de 2011 y junio de 2012), y fueron tema de un cursillo-seminario de licencia especializada en Teología Fundamental (abril-mayo 2012). Por fin, en la primavera de 2013 fue editado en catalán por la Facultad de Teología de Cataluña: Emili Marlés, editor.  Trinitat, univers, persona: Ciència i teologia en diàleg

Ciencia y teología de la creación en diálogo

Trinidad, universo, persona. Teología en cosmovisión evolutiva (Editorial Verbo Divino, 2014) es fruto de este trabajo de investigación llevado a cabo por Theosciences. En él se recogen sistematizadas las aportaciones principales del equipo de investigación teológica sobre el tema de la creación.

A lo largo de los diez capítulos encuentra el lector las herramientas teológicas, filosóficas y científicas que le pueden permitir una síntesis personal para dar razón del misterio de la creación de un mundo en evolución. No se trata de un tratado completo y definitivo, sino de un conjunto de materiales de diversos autores con una pretensión unificadora.

En el primer capítulo, el profesor Joan Planellas (Girona, 1955), director de la Revista Catalana de Teología, ofrece una síntesis de teología trinitaria con el título “La Trinidad y su amoroso designio creador”. En él se expone la estrecha relación entre el amoroso designio creador de nuestro Dios y su realidad trinitaria. Desde la teología actual, toda reflexión teológica sobre el tema de la creación necesariamente hace referencia en todas las tradiciones religiosas al concepto que tenemos de la divinidad creadora. El Dios cristiano es el Dios de la Santísima Trinidad, del que tenemos conocimiento por la Revelación.

Esta noción de Dios tiene consecuencias en el mismo concepto cristiano que tenemos de lo que es la persona humana, creada a imagen de Dios y llamada a participar de la misma vida divina, y ayudándonos en definitiva a profundizar lo que realmente somos, así como el sentido de nuestra existencia en este mundo.

Puesto el marco teológico, los materiales que constituyen este trabajo se organizan en tres partes: la creación evolutiva (capítulos 2, 3 y 4), la humanación de Dios (capítulos 5, 6 y 7) y la nueva creación (capítulos 8, 9 y 10)

La creación evolutiva

En un apretado resumen, podemos decir que una nueva expresión teológica del misterio de la creación ha de tener en cuenta los resultados científicos. Las hipótesis, teorías y cosmovisiones asumidas por la comunidad científica nos aportan datos imprescindibles en el momento de elaborar teológicamente un modelo sobre cómo las tres divinas personas han querido crear el mundo.

Aunque yendo más al centro de la cuestión, los paradigmas científicos cuestionan el lenguaje y las formulaciones teológicas tradicionales que deben ser reelaboradas desde otras categorías diferentes. He aquí el gran reto del proyecto Theosciences.

El profesor David Jou i Mirabent, catedrático de Física de la materia condensada, nos ofrece un panorama de las principales etapas de la triple evolución que ha experimentado nuestro universo: evolución cósmica, biológica y antropológica. Y en uno de los últimos capítulos, al tratar de la nueva formulación de la creación, nos describe cuál es el futuro más lejano de nuestro universo, según la predicción actual de la ciencia. Este tema relativo al futuro, plantea interesantes preguntas a la teología sobre la espera de un cielo nuevo y de una tierra nueva cuando la predicción de la ciencia es, de hecho, la de una muerte cósmica por congelación o por deflagración.

A partir de estas dos visiones (trinitaria y evolutiva) que para algunos pueden ser paradigmas o cosmovisiones alternativas e irreconciliables, se abren unos capítulos en los que se reflexiona sobre el misterio de la creación desde la perspectiva filosófico-teológica. Un químico y filósofo, el sacerdote Ricard Casadesús, con el fisico y teólogo Lluc Torcal, nos explican cuál es la concepción clásica de “creación”. Es muy importante tener una comprensión clara de este concepto de creación en sus elementos más fundamentales para afrontar con solvencia cuestiones como la racionalidad de nuestro universo, su diseño, su verdadera autonomía y al mismo tiempo su dependencia de Dios, así como algunas preguntas que surgen en torno a su inicio temporal.

El concepto de “creación” se ha enriquecido gracias a la visión evolutiva de nuestro universo; así lo muestra el doctor Manuel G. Doncel en el capítulo cuarto (“El concepto teológico de creación evolutiva”), donde desarrolla este nuevo concepto.

Según apunta el mismo Manuel G. Doncel en la Presentación (pág. 13) “recientemente, Denis Edwards ha pasado unos días en Barcelona invitado por el STIC [Seminario de Teología y Ciencias], y el 27 de febrero de 2013, nos dio una conferencia en la FCT [Facultad de Teología de Cataluña] sobre el tema “La Trinidad en contexto evolutivo y ecológico. El Atractor y la Energía del amor”. En ella, junto a esa energía propia del Espíritu, que capacita a las creaturas para autosuperarse en la creación evolutiva, y en la vida de la gracia y de la gloria, introduce la nueva idea del Logos como “Atractor cósmico”, que asegura el éxito de los procesos evolutivos, aun los [procesos] caóticos, y constituye una nueva versión del “Punto Omega” de Teilhard”.

 

El Atractor cósmico

Según explica García Doncel (pág. 14), “A nuestro juicio, esta pareja de funciones, la atractora propia del Logos, y la potenciadora propia del Espíritu, ambas interrelacionadas y dentro de cada una de las acciones comunes de la Trinidad sobre la creación, dan una visión armoniosa y profunda de la historia global del universo y de las personas, desde su creación hasta su consumación gloriosa”.

Pero hay todavía otro elemento más, según García Doncel: “Por otra parte, según Karl Rahner, esta historia global va dirigida por otra pareja de principios teológicos: el mencionado principio de la “autosuperación de las creaturas” potenciadas por la acción divina, y el principio más básico de la progresiva “autocomunicación de Dios” en la creación, en la gracia y en la gloria. Nuestra intuición es que ambas parejas se corresponden” (pág. 14)

La humanación de Dios

En el capítulo sexto, el profesor Emili Marlés, físico y teólogo, sitúa el misterio de la creación en el marco de la cristología. Su capítulo, “Jesucristo y la evolución cósmica”, muestra cómo, desde la óptica del Logos encarnado, es posible descubrir un plan de autodonación de Dios al cosmos, el cual abarca: la creación, la historia de la salvación, la encarnación del Logos y la consumación del cosmos.

Hay dos capítulos que se complementan al pretender una aproximación a las consecuencias soteriológicas de un cosmos en evolución. En el capítulo quinto (“Los orígenes de la vida humana bajo la gracia divina”), los profesores Llorenç Puig y Manuel G. Doncel imaginan cómo hemos podido pensar en la salvación de los hombres y mujeres que han nacido antes de Cristo (sabiendo que, según los datos de la ciencia, podemos hablar de la existencia del Homo sapiens desde hace, al menos, cien mil años).

Por su parte, el teólogo Jaume Fontbona i Missé, en el capítulo séptimo (“La reconciliación por la cruz como misterio de amor”), encuadra toda la obra creadora hecha por amor y con el deseo de autodonación de las tres divinas personas, a la luz del misterio pascual del Señor, cumbre de su amor a su creación.

La nueva creación

¿Qué se puede decir teológicamente sobre el estado consumado de nuestro universo? En el capítulo octavo del libro que comentamos (“El cuerpo de Jesucristo resucitado como cuerpo cósmico y místico”), el profesorArmand Puig i Tarrech subraya qué elementos de la Escritura sobre el cuerpo resucitado de Cristo hay que tener en cuenta al reflexionar sobre el estado final de nuestro cosmos.

El profesor Manuel G. Doncel, en el capítulo décimo (“La nueva creación y la evolución de las leyes cósmicas”) continúa esta reflexión e intenta imaginar cómo será el futuro consumado de nuestra creación (cómo serán sus leyes naturales, la acción del Espíritu Santo en esta consumación, etc)

Conclusión

Como decíamos al inicio de este artículo, las propuestas de las comunidades científicas internacionales sobre la evolución cósmica, la evolución biológica y la evolución humana están construyendo un nuevo paradigma interpretativo de la realidad natural. Y este nuevo paradigma emergente – significa un reto para las tradiciones religiosas. En particular, la teología cristiana de la creación se siente impactada en muchas de sus formulaciones tradicionales.

Creemos que las diversas tradiciones religiosas, cuando intentan racionalizar sus convicciones y dialogar con las culturas, especialmente con las culturas científicas, deben intentar dar respuesta a los interrogantes que la sociedad secular les propone.

El volumen que comentamos aquí, Trinidad, universo, persona. Teología en cosmovisión evolutiva (Editorial Verbo Divino, 2014), es una respuesta que se ofrece a las demás tradiciones religiosas desde la reflexión cristiana de la propia fe en la creación. Falta ahora contrastar con otras religiones las formulaciones que se proponen.

Como toda obra colectiva –escribe el editor Emili Marlés – cada autor es el único responsable de su capítulo, y no hay una completa unanimidad en las visiones teológicas y filosóficas de los diferentes autores. Lo que da coherencia al conjunto es el deseo de establecer un diálogo de la teología con las ciencias. Y todo esto con la esperanza de que este diálogo sea teológicamente fructífero y que permita construir una visión de la realidad que sea global y sistemática.

El fundamento teológico aglutinante es la convicción de que son las tres mismas divinas personas las creadoras de las propuestas teóricas explicativas  que el científico descubre en la naturaleza (mediante el uso del método científico), y las reveladoras de la verdad que el teólogo acoge y sobre la que reflexiona. En palabras del Concilio Vaticano II, “las realidades profanas y las realidades de fe tienen su origen en el mismo Dios” (Constitución Conciliar Gaudium et Spes, sobre la Iglesia y el mundo actual, número 36).
Leandro Sequeiros San Román, Doctor en Ciencias, es coeditor de Tendencias21 de las Religiones, miembro del Consejo Asesor de la Cátedra Ciencia, Tecnología y Religión.

http://www.tendencias21.net/Un-ensayo-tiende-puentes-entre-evolucion-y-trascendencia_a40462.html

Enoquiano: La Misteriosa Lengua Perdida de los Ángeles

 

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En el año 1581, los ocultistas John Dee y Edward Kelly afirmaron haber recibido comunicaciones procedentes de ángeles en las que estos les habían revelado los fundamentos de un lenguaje con el que comunicarse con “el otro lado”. Este lenguaje “angélico” disponía de sus propios alfabeto, gramática y sintaxis, que más adelante fueron publicados en revistas. La nueva lengua fue denominada “Enoquiano” y su nombre proviene de la afirmación de John Dee de que el patriarca bíblico Enoc había sido el último humano en conocer este el lenguaje.

El Dr. John Dee, (1527-1609) fue un ocultista, matemático, astrónomo y astrólogo que vivió en el barrio de Mortlake, al oeste de Londres, durante la mayor parte de su vida. Era un hombre cultivado que estudió en el St. John’s College de Cambridge, y fue con el tiempo aceptado en círculos de poder relacionados con la élite dominante. Ejerció de consejero científico y confidente de la reina Isabel I. Se le asocia con la expresión “Imperio Británico”, que se dice que acuñó él mismo. Durante su edad más temprana, Dee mostró poco interés por lo sobrenatural. Más adelante, se desilusionó con la ciencia y empezó a experimentar con lo oculto. Dee buscaba descubrir el conocimiento espiritual perdido y recuperar la sabiduría que creía oculta en los libros de la antigüedad. Entre estos libros se encontraba el entonces legendario Libro de Enoc, que Dee concebía como un libro que describiría el sistema mágico empleado por el patriarca bíblico Enoch.

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Retrato de  pintado en el siglo XVI por un artista desconocido, del National Maritime Museum de Greenwich (Wikimedia Commons)

El término “Enoquiano” proviene del personaje bíblico Enoc, a quien se consideraba fuente de ocultos conocimientos místicos y a quien, según la leyenda, Dios subió a los cielos en vida. De acuerdo con el Génesis (5,24), “caminaba con Dios” y en Hebreos 11,5 se afirma que “fue arrebatado de esta vida a fin de que no experimentara la muerte”.

De 1581 a 1585, Dee empezó a desarrollar una larga serie de actividades de tipo mágico. En 1581, a la edad de 54 años, Dee escribió en su diario personal que Dios había enviado “Ángeles bondadosos” a comunicarse directamente con la humanidad. Para el año 1582 ya estaba colaborando con su colega Edward Kelley (1555-1597), ocultista y vidente, a fin de comunicarse con estos ángeles. Cientos de conversaciones con numerosos espíritus fueron registradas, entre ellas muchas en las que se revelaba lo que decían ser un lenguaje angélico llamado “Enoquiano”, compuesto de palabras no inglesas. El alfabeto Enoquiano fue comunicado al Dr. John Dee y Edward Kelley durante “sesiones adivinatorias”, en las que recibieron numerosos textos y tablas revelados por los ángeles. La adivinación (en inglés scrying) es un método empleado por videntes, magos y brujos para predecir el futuro, que incluye técnicas como mirar fijamente a una superficie reflectante para así recibir mensajes del “otro lado”.

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realizando un experimento ante la reina Elizabeth I. Óleo de Henry Gillard Glindoni. 1913 (Wikimedia Commons)

Está documentado que Dee y Kelley usaban ciertos objetos, como un espejo de obsidiana negra y una bola de cristal para experimentar estas visiones. Dee ejercía de orador, dirigiendo sus plegarias a Dios y a los Arcángeles durante sesiones que duraban entre 15 minutos y una hora. Colocaban sobre la mesa una piedra adivinatoria y los ángeles eran invocados para que se manifestaran. Dee y Kelly observaban atentamente la piedra y tomaban nota de todo aquello que veían y oían. Los ángeles les explicaron que la magia otorgaría poderes sobrehumanos a sus practicantes, cambiaría la estructura política de Europa y anunciaría la llegada del Apocalipsis. Dee creía que lo que estaba haciendo beneficiaría a la posteridad, así que transcribió toda la información recibida en una serie de manuscritos y libros que incluían ejercicios prácticos. Jamás describió el lenguaje utilizado a lo largo de las sesiones como “Enoquiano”, prefiriendo llamarlo “Angélico”, el “Habla Celestial”, el “Primer Lenguaje de Jesucristo” y particularmente “Adánico”, ya que aseguraba que había sido utilizado por Adán en el Jardín del Edén para dar nombre a todas las criaturas de Dios.

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El espejo de obsidiana de Dee utilizado para sesiones “adivinatorias” (British Museum).

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El Sello de Dios de John Dee (Wikimedia Commons)

Hay dos versiones diferentes del Alfabeto Enoquiano siendo las letras de uno de ellos ligeramente diferentes a las del otro. La primera versión la encontramos en un manuscrito de Dee, los primeros cinco “Libros de los Misterios” (Books of the Mysteries), y la segunda, en general la más aceptada, está en el Liber Loagaeth, versión manuscrita del propio Kelley. Se escribe de derecha a izquierda, y puede incluir acentos. Algunas letras enoquianas tienen equivalentes en las letras inglesas y una pronunciación similar, pero muchas de ellas se pronuncian de forma diferente. El alfabeto se usa en la práctica de magia Enoquiana sobre Claves Angélicas o Enoquianas. Llegó hasta nosotros por medio de Edward Kelley en 1584, en Cracovia (Polonia). Ese año escribió en su diario una serie de diecinueve encantamientos mágicos. Las Claves comprenden 48 versos poéticos y se corresponden con diversas funciones dentro del sistema de Magia Enoquiano. El gráfico a continuación muestra las letras originales del alfabeto Enoquiano con su transcripción en inglés moderno basada en los escritos de John Dee en inglés antiguo.

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Las letras Enoquianas se leen de derecha a izquierda. Tienen diferentes formas, cada una tiene su nombre y, en ocasiones, sus equivalentes en inglés. Se muestran tal como aparecen en el diario de John Dee. (Wikipedia.org)

Debido a la pérdida de algunas partes de los manuscritos originales de John Dee, han surgido interpretaciones diversas en relación con el significado, validez y autenticidad del lenguaje Enoquiano. Algunos magos aseguran que es el lenguaje más antiguo del mundo, habiendo precedido a todos los demás lenguajes humanos. En algunos círculos se considera uno de los tipos de magia más poderosos y un método para entrar en contacto con otras dimensiones. Sus detractores, sin embargo, señalan que la sintaxis del Enoquiano se asemeja notablemente a la del inglés, la lengua nativa de Dee y Kelley. Entre estas semejanzas podemos citar la palabraluciftias, que significa “brillo”, y que guarda conexión con Lucifer, cuyo nombre significa “Portador de Luz”. Londoh, la palabra Enoquiana para “reino”, puede representar simplemente la conexión de Dee con su real protectora, la reina de Inglaterra. Análisis informáticos también han demostrado una similitud gramatical con el inglés. Los textos del Liber Loagaeth muestran rasgos fonéticos que no aparecen en los lenguajes naturales. Estos rasgos se asocian a menudo con laglosolalia, o “don de lenguas”.

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Necromancia: El arte de conjurar a los muertos y comunicarse con ellos, imagen de John Dee y Edward Kelley. De: Astrology (1806) por Ebenezer Sibly. (Wikipedia.org)

Los ocultistas modernos consideran difícil reconstruir el sistema Enoquiano, aunque se han realizado progresos estudiando los manuscritos originales hallados en la biblioteca de Sir Hans Sloane. A partir de estos estudios, diversos grupos y autores han creado un efectivo sistema de magia. El lenguaje Enoquiano fue recuperado y popularizado por ocultistas como los miembros de la Hermética Orden de la Aurora Dorada (“Golden Dawn”), Aleister Crowley, Israel Regardie y Antón La Vey, fundador de la Iglesia de Satán. Muchos satanistas han llegado a incluir claves Enoquianas en sus rituales, y algunos de ellos hasta han adoptado el lenguaje entero para su uso.

El lenguaje Enoquiano fue también estudiado por el ingeniero espacial Jack Parson, miembro de O. T. O. (Ordo Templi Orientis). En 1994 las letras Enoquianas se utilizaron como glifos para activar una puerta dimensional en la película “Stargate”, un año antes de que el programa “Stargate” de visión remota se hiciera público. Otro aspecto de la magia Enoquiana es el ajedrez Enoquiano. Es al mismo tiempo un juego y una herramienta de adivinación, procedente de los escritos originales de John Dee. Es un complejo sistema que requiere sólidos fundamentos en el estudio de la Cábala, Geomancia, Tarot, Alquimia y Astrología. Muchos de los objetos utilizados por Dee y Kelly pueden contemplarse hoy día en el British Museum de Londres, en Inglaterra.

Imagen de portada: Los Tres órdenes de la Jerarquía Angelical en toda su gloria: “Asunción de la Virgen” por Botticini, 1475 (manyheadedmonster.wordpress.com)

Autor: Bryan Hilliard

Traducción: Rafa García

Este artículo fue publicado originalmente en www.ancient-origins.es y ha sido traducido con permiso

 

Fuentes:

“Enochian Magic.” Enochian. November 16, 2009. http://enochian.info/enochian-magic/

“Enochian Keys.” Enochian. November 16, 2009. http://enochian.info/enochian-keys/

“Enochian Alphabet.” Enochian. November 21, 2009. http://enochian.info/enochian-alphabet/

“John Dee – Astrologer to the Queen.” John Dee – Astrologer to the Queen.http://www.bibliotecapleyades.net/bb/john_dee.htm

“British Museum – Dr John Dee (1527-c1608). British Museum – Dr John Dee (1527-c1608).http://www.britishmuseum.org/explore/highlights/article_index/d/dr_john_dee_1527-c1608.aspx

Jones, David. “John Dee & the Enochian Apocalypse.” New Dawn the World’s Most Unusual Magazine. September 8, 2012.

“Enochian Alphabet.” Enochian Alphabet. http://www.omniglot.com/writing/enochian.htm

“Enochian.” Enochian. http://self.gutenberg.org/articles/enochian

“HEXEN2039.” HEXEN2039.http://ensemble.va.com.au/tableau/suzy/TT_ResearchProjects/Hexen2039/JohnDee/JohnDe

– See more at: https://www.ancient-origins.es/artefactos-escritos-antiguos-noticias-fenomenos-misteriosos/enoquiano-la-misteriosa-lengua-perdida-los-%C3%A1ngeles-002558#sthash.2wAAUXEI.dpuf

Física cuántica: ¿Qué es Realmente lo real?

Referencia: Nature.com .
“Quantum physics: What is really real?”
por Zeeya Merali, 20 de mayo 2015

* * * * *
A Owen Maroney le preocupa que los físicos hayan pasado la mayor parte de un siglo participando en un fraude.

Desde que se inventó la teoría cuántica a principios de 1900, explica Maroney, físico de la Universidad de Oxford, Reino Unido, han estado hablando de lo extraña que es –cómo es que las partículas y los átomos se mueven en muchas direcciones a la vez, por ejemplo, o girar en sentido horario y en sentido antihorario simultáneamente. Pero hablar no es una prueba, dice Maroney. “Si le decimos al público que la teoría cuántica es rara, es mejor salir y probar que en realidad es cierto”, dice. “De lo contrario no estamos haciendo ciencia, sólo estamos explicando algunos divertidos garabatos en una pizarra.”

Este sentimiento es el que ha llevado a Maroney y a otros a desarrollar una nueva serie de experimentos que revelen la naturaleza de la función de onda, esa misteriosa entidad que se encuentra en el corazón de la rareza cuántica. Sobre el papel, la función de onda es simplemente un objeto matemático que los físicos denotan con la letra griega psi (Ψ) –uno de divertidos garabatos de Maroney– y se usa para describir el comportamiento cuántico de una partícula. Dependiendo del experimento, la función de onda les permite calcular la probabilidad de observar un electrón en cualquier lugar determinado, o las posibilidades de que su giro se oriente hacia arriba o hacia abajo. Pero las matemáticas no arrojan luz sobre lo que realmente es una función de onda. ¿Es una cosa física? ¿O simplemente es una herramienta de cálculo para manejar la ignorancia de un observador acerca del mundo?

Las pruebas que se utilizan para trabajar en ello son extremadamente sutiles, y todavía tienen que producir una respuesta definitiva. Pero los investigadores son optimistas acerca de que una solución está cerca. Si esto es así, puede que finalmente seamos capaces de responder a las preguntas que han persistido durante décadas. ¿Puede una partícula realmente estar en varios lugares al mismo tiempo? ¿Está el universo continuamente escindiéndose en mundos paralelos, cada uno con una versión alternativa de nosotros mismos? ¿Existe eso llamado realidad objetiva?

“Esta clase de preguntas son las que todo el mundo se ha preguntado en algún momento”, dice Alessandro Fedrizzi, físico de la Universidad de Queensland, en Brisbane, Australia. “Qué es realmente lo real?”

Los debates sobre la naturaleza de la realidad se remontan a los primeros días que los físicos de la teoría cuántica constataron que las partículas y las ondas son dos caras de la misma moneda. Un ejemplo clásico es el experimento de doble rendija, en el que los electrones individuales se encienden en una barrera con dos aberturas: el electrón parece pasar a través de ambas rendijas exactamente de la misma manera que lo hace una onda de luz, creando un patrón de bandas de interferencia en el otro lado (ver ‘rarezas onda-partícula‘). En 1926, el físico austriaco Erwin Schrödinger inventó la función de onda para describir este comportamiento, e ideó una ecuación que permite a los físicos calcularla en cualquier situación (1) dada. Pero ni él ni nadie podía decir nada sobre la naturaleza de la función de onda.

La ignorancia es felicidad

Desde una perspectiva práctica, su naturaleza no importa nada. El libro de texto de la interpretación de Copenhague de la teoría cuántica, desarrollada en la década de 1920, principalmente por los físicos Niels Bohr y Werner Heisenberg, trata a la función de onda como nada más que una herramienta para predecir los resultados de las observaciones, y advierte a los físicos que no se preocupen por la realidad que hay debajo . “No se puede culpar a la mayoría de los físicos de seguir este etos ‘cállate y calcula’, ya que ha dado lugar a grandes avances en la física nuclear, la física atómica, la física de estado sólido y la física de partículas”, señala Jean Bricmont, un físico estadístico de la Universidad Católica de Lovaina, en Bélgica. “Así que, ellos dicen, venga, no nos preocupemos por las grandes preguntas.”

Pero algunos físicos sí se preocupan de alguna manera. Allá por la década de 1930, Albert Einstein rechazó la interpretación de Copenhague, y no tanto porque permitiera que dos partículas entrelazaran sus funciones de onda, produciendo una situación en la que las mediciones en una pudiesen determinar instantáneamente el estado de la otra, incluso cuando las partículas estuvieran separadas por grandes distancias. En vez de aceptar lo que llamó la “acción fantasmal a distancia”, Einstein prefería creer que funciones de onda de las partículas estaban incompletas. Quizás, sugirió, las partículas tienen algún tipo de “variables ocultas” que determinan el resultado de la medición, pero que las teorías cuánticas no captan.

Los experimentos desde entonces han demostrado que esta acción fantasmal a distancia es muy real, lo que descarta la versión particular de variables ocultas que defendía Einstein. Pero eso no ha impedido que otros físicos den sus propias interpretaciones. Estas interpretaciones se dividen en dos grandes campos. Los que están de acuerdo con Einstein de que la función de onda representa nuestra ignorancia –eso que los filósofos llaman, modelo epistémico-psi. Y los que vern la función de onda como una entidad real, modelo óntico-psi.

Para apreciar la diferencia, considere el experimento mental que Schrödinger describió a Einstein en una carta de 1935. Imagine que un gato está encerrado en una caja de acero. E imagine que la caja también contiene una muestra de material radiactivo que tiene un 50% de probabilidades de emitir en una hora un producto desintegrante, y a su lado un aparato que va a envenenar el gato si detecta tal desintegración. Debido a que la desintegración radiactiva es un evento cuántico, escribió Schrödinger, las reglas del estado de la teoría cuántica dice que, al cabo de la hora, la función de onda en el interior de la caja debe ser una mezcla igual a la de gato vivo y gato muerto.

“Hablando claro”, dice Fedrizzi, “según el modelo epistémico-psi el gato de la caja está vivo o está muerto, y nosotros simplemente no lo sabemos porque la caja está cerrada”. Sin embargo, la mayoría de los modelos ónticos-psi, de acuerdo con la interpretación de Copenhague, hasta que un observador no abre la caja y mira, el gato está vivo y está muerto.

Pero aquí es donde el debate se queda atascado. ¿Cuál de las diversas interpretaciones de la teoría cuántica es la correcta? Eso es una pregunta difícil de responder de forma experimental, debido a que las diferencias entre los modelos son sutiles: para ser viable, tienen que predecir esencialmente los mismos fenómenos cuánticos tal como tuvo éxito la interpretación de Copenhague. Andrew White, físico de la Universidad de Queensland, afirma que, en la mayor parte de sus 20 años de carrera en las tecnologías cuánticas “el problema era como subir una montaña lisa y gigante sin puntos de apoyo, no hay manera de atacarla”.

Eso cambió en 2011, con la publicación de un teorema sobre las mediciones cuánticas que parecía descartar los modelos de la ignorancia de la función de onda (2). Sin embargo, bajo una inspección más cercana, el teorema resultó dejar suficiente margen de maniobra para que dichos modelos puedan sobrevivir. No obstante, esto inspiró a los físicos acerca de pensar seriamente en la manera de resolver el debate de probar la realidad [óntica] de la función de onda. Maroney ya había ideado un experimento que en principio debería funcionar (3), y tanto él como otros pronto encontraron la manera de hacer que funcionara en la práctica (4), (5), (6). El experimento fue llevado a cabo el año pasado por Fedrizzi, White y otros (7).

Para ilustrar la idea que había detrás de la prueba, imagine dos mazos de cartas. Una conteniendo sólo cartas rojas; la otra conteniendo solamente ases. “Tú das una carta y pides que la identifiquen sobre la mesa”, explica Martin Ringbauer, físico de la Universidad de Queensland. “Si es un as rojo, hay una superposición y usted no será capaz de decir de qué mazo viene”. Pero si usted sabe cuántas cartas de cada tipo están en cada mesa, al menos podrá calcular con qué frecuencia se producirán este tipo de situaciones ambiguas.

En la estacada

Una ambigüedad similar ocurre en los sistemas cuánticos. No siempre es posible que una sola medición en el laboratorio pueda distinguir cómo se polariza un fotón. “En la vida real, es bastante más fácil decir al oeste desde un poco al sur del este, pero en los sistemas cuánticos, no es tan simple”, dice White. De acuerdo con la interpretación estándar de Copenhague, no hay ningún punto al que preguntar qué polarización es, porque la pregunta no tiene respuesta, o al menos, no hasta que otra medición puede determinar que una respuesta precisa.

Eso es esencialmente lo que probó el equipo de Fedrizzi. El grupo midió la polarización y otras características en un haz de fotones, y se encontró con un nivel de solapamiento que no podía ser explicado por los modelos de la ignorancia. Los resultados apoyan el punto de vista alternativo de que, si existe una realidad objetiva, entonces, la función de onda es real. “Es realmente impresionante que el equipo haya sido capaz de abordar un tema tan profundo, con lo que en realidad es un experimento muy simple”, dice Andrea Alberti, físico de la Universidad de Bonn en Alemania.

La conclusión, aun asi, sigue sin estar blindada, porque los detectores solamente recogen alrededor de una quinta parte de los fotones utilizados en la prueba, el equipo tuvo que asumir que los fotones perdidos se comportaban de la misma forma (7). Eso es una gran suposición, y el grupo está actualmente trabajando en cerrar la brecha de muestreo para producir un resultado definitivo. Entre tanto, el equipo de Maroney, en Oxford, está colaborando con un grupo de la Universidad de Nueva Gales del Sur en Australia, para realizar pruebas similares con iones, que son más fáciles de seguir que los fotones. “En los próximos seis meses podremos tener una versión indiscutible de este experimento”, dice Maroney.

Pero incluso si sus esfuerzos tienen éxito y los modelos de función de onda como realidad óntica se ven favorecidos, tales modelos vendrán en una variedad de sabores, y los experimentadores aún tendrán que elegir aparte.

Uno de esas primeras interpretaciones fue establecida en 1920 por el físico francés Louis de Broglie (8), y ampliada en 1950 por el físico estadounidense David Bohm (9), (10). De acuerdo con los modelos de Broglie-Bohm, las partículas tienen ubicaciones y propiedades definidas, pero son guiadas por algún tipo de ‘onda piloto’ que a menudo se identifica con la función de onda. Esto explicaría el experimento de la doble rendija, ya que la onda piloto sería capaz de viajar a través de las dos rendijas y producir un patrón de interferencia en el otro lado, a pesar de que el electrón que lo guía tendría que pasar a través de una u otra hendidura.

En 2005, la mecánica de Broglie-Bohm recibieron un impulso experimental desde una fuente inesperada. Los físicos, Emmanuel Fort, ahora en el Instituto Langevin de París, e Yves Couder, en la Universidad Diderot de París, dieron a los estudiantes en una clase de laboratorio, lo que pensaban que sería una tarea bastante sencilla: construir un experimento para ver cómo las gotas de aceite que caen en un bandeja llena de aceite se fusionarían conforme se hiciera vibrar la bandeja. Para sorpresa de todos, se empezaron a formar ondas alrededor de las gotitas cuando la bandeja topaba con una cierta frecuencia de vibración. “Las gotas estaban auto-propulsándose –surfeaban o caminaban sobre sus propias ondas–“, relataba Fort. “Esto era un objeto dual que estábamos viendo, una partícula impulsada por una onda.”

Desde entonces, Fort y Couder han demostrado que tales ondas pueden guiar a estos ‘caminantes’ a través del experimento de la doble rendija según lo predicho por la teoría de la onda piloto, y puede imitar otros efectos cuánticos (11). Esto no prueba que existan ondas piloto en el reino cuántico, advierte Fort. Pero sí muestran cómo podría funcionar una onda piloto a escala atómica. “Nos enseñaron que tales efectos no podían suceder en la física clásica, y aquí se demuestra que sí lo hacen.”

Otro conjunto de modelos basados ​​en la realidad, ideado en la década de 1980, trata de explicar las sorprendentemente distintas propiedades de los objetos pequeños y los grandes. “¿Por qué los electrones y los átomos pueden estar en dos lugares diferentes al mismo tiempo, y las mesas, las sillas, la gente y los gatos no pueden”, espeta Angelo Bassi, físico de la Universidad de Trieste, Italia. Las conocidas como “modelos colapso’, estas teorías postulan que las funciones de onda de las partículas individuales son reales, pero que pueden perder espontáneamente sus propiedades cuánticas y pasar a partícula en, digamos, de una sola ubicación. Los modelos están configurados de manera que las probabilidades de que esto ocurra son infinitesimales para una sola partícula, por lo que los efectos cuánticos dominan a escala atómica. Sin embargo, la probabilidad de colapso crece astronómicamente conforme las partículas se agrupan, por lo que los objetos macroscópicos pierden sus características cuánticas y se comportan de manera clásica.

Una forma de probar esta idea es buscar el comportamiento cuántico en objetos más y más grandes. Si la teoría cuántica estándar es correcta, no hay límite. Y los físicos ya han llevado a cabo experimentos de interferencia de doble rendija con grandes moléculas (12). Pero si los modelos de colapso son correctos, entonces los efectos cuánticos no aparecerían por encima de una cierta masa. Varios grupos están planeando para buscar ese punto de corte usando átomos, moléculas, cúmulos y nanopartículas metálicas frías. Tienen la esperanza de ver resultados dentro de una década. “Lo bueno de todo este tipo de experimentos es que vamos a estar sometiendo la teoría cuántica a pruebas de alta precisión, a las que nunca se ha sometido antes”, comenta Maroney.

Mundos paralelos

Un modelo de función de onda como realidad ya es famoso y querido por los escritores de ciencia-ficción: la interpretación de varios mundos desarrollado en 1950 por Hugh Everett, entonces estudiante graduado en la Universidad de Princeton en Nueva Jersey. En esta imagen de muchos mundos, la función de onda gobierna la evolución de la realidad tan profundamente que siempre que se hace una medición cuántica, el universo se divide en copias paralelas. En otras palabras, abres la caja del gato y se ramifican dos mundos paralelos, uno con un gato vivo y otro que contiene un cadáver.

La distinguida interpretación de universos paralelos de Everett desde la teoría cuántica estándar es difícil, porque ambas hacen exactamente las mismas predicciones. Pero el año pasado, Howard Wiseman, en la Universidad de Griffith, en Brisbane, y sus colegas, propusieron un comprobable modelo multiverso (13). Su marco no contiene la función de onda: las partículas obedecen reglas clásicas como las leyes del movimiento de Newton. Los efectos extraños observados en los experimentos cuánticos surgen porque hay una fuerza de repulsión entre partículas y sus clones en los universos paralelos. “La fuerza de repulsión entre ellos crea ondas que se propagan a través de todos estos mundos paralelos”, dice Wiseman.

El uso de simulaciones por ordenador con 41 mundos interactuando, ha demostrado que este modelo reproduce más o menos un número de efectos cuánticos, incluyendo las trayectorias de las partículas en el experimento de la doble rendija (13). El patrón de interferencia se hace más cercano al predicho por la teoría cuántica estándar conforme el número de mundos aumenta. Dado que esta teoría predice resultados diferentes en función del número de universos, apunta Wiseman, debería ser posible idear maneras de comprobar si su modelo multiverso es correcto, lo que significaría que no hay una función de onda y la realidad es enteramente clásica.

Debido a que el modelo de Wiseman no necesita una función de onda, seguirá siendo viable incluso si los experimentos futuros descartan los modelos epistémicos de la ignorancia. También le sobrevivirían modelos, como la interpretación de Copenhague, que sostienen que no hay realidad objetiva, sólo mediciones.

Pero entonces, dice White, este es el último desafío. Aunque, claro, no se sabe cómo hacerlo, dice, “lo que de verdad sería realmente emocionante es idear una prueba para comprobar si existe, de hecho, alguna realidad objetiva por ahí.”

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Imagen, El experimento de las gotas de aceite. Dan Harris/MIT
Imagen, Rarezas onda-partícula
Referencia:
(1) Schrödinger, E. Phys. Rev. 28, 1049 (1926).
(2) Pusey, M. F., Barrett, J. y Rudolph, T. Nature Phys. 8, 475–478 (2012).
(3) Maroney, O. J. E. Preprint at http://arxiv.org/abs/1207.6906 (2012).
(4) Barrett, J., Cavalcanti, E. G., Lal, R. & Maroney, O. J.E. Phys. Rev. Lett. 112, 250403 (2014).
(5) Leifer, M. S. Phys. Rev. Lett. 112, 160404 (2014).
(6) Branciard, C. Phys. Rev. Lett. 113, 020409 (2014).
(7) Ringbauer, M. et al. Nature Phys. 11, 249–254 (2015).
(8) de Broglie, L. J. Phys. Radium 8, 225–241 (1927).
(9) Bohm, D. Phys. Rev. 85, 166–179 (1952).
(10) Bohm, D. Phys. Rev. 85, 180–193 (1952).
(11) Couder, Y. & Fort, E. Phys. Rev. Lett. 97, 154101 (2006).
(12) Eibenberger, S., Gerlich, S., Arndt, M., Mayor, M. y Tüxen, J. Phys. Chem. Chem. Phys. 15, 14696–14700 (2013).
(13) Hall, M. J. W., Deckert, D.-A. & Wiseman, H. M. Phys. Rev. X 4, 041013 (2014). – See more at: http://bitnavegante.blogspot.com.es/2015/05/fisica-cuantica-que-es-realmente-lo-real.html#sthash.htBJDwaf.dpuf

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Alarmante: El deshielo en la Antártida cambia el campo gravitatorio de la Tierra

Científicos británicos, que han observado un repentino aumento de la pérdida de hielo en una región previamente estable de la Antártida, han establecido que esa situación es tan grande que provoca pequeños cambios en el campo gravitatorio de la Tierra.

Científicos británicos de la Universidad de Bristol han expresado su alarma por el ritmo en que se reduce el manto de hielo del sur de la península Antártica, que no había mostrado signos de cambio hasta 2009, cuando comenzó a sufrir una rápida desestabilización. Mediciones realizadas por los especialistas han demostrado que la pérdida de hielo en esa región previamente estable es tan grande que ha hecho que el campo gravitacional de la Tierra evidencie pequeños cambios.

Un estudio publicado en la revista ‘Science‘ ha revelado que los glaciares a lo largo de la península se estuvieron derritiendo a un ritmo acelerado, añadiendo más de 300 kilómetros cúbicos de agua al océano circundante en los últimos seis años: un volumen equivalente a 350.000 edificios Empire State.

Los científicos no están seguros de la causa que ha precipitado este fenómeno, pero sostienen que probablemente en 2009, el calentamiento ha alcanzado un límite crítico en la zona, lo que ha fomentado la aceleración del deshielo.

http://actualidad.rt.com/ciencias/175628-perdida-hielo-antartida-cambiar-campo-gravitatorio